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“Devotos y descreídos.  La biología de la religiosidad”, de Adolf Tobeña

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Devotos y descreídos.  La biología de la religiosidad

 

 

Ficha Técnica

Título: Devotos y descreídos. Biología de la religiosidad
Autor: Adolf Tobeña
Edita: Publicacions de la Universitat de València, Valencia, 2014
Colección: Prismas
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Número de páginas: 272
ISBN: 978-84-370-9187-7
Precio: 15 euros

¿Qué pretende Adolf Tobeña con este libro? Nos lo aclara en el Preámbulo, que subtitula Cerebros religiosos y descreídos: “Repaso […] los avances en las indagaciones anatómicas, fisiológicas, moleculares y cognitivas sobre los fundamentos de la querencia por las creencias trascendentes o las propensiones descreídas, y discuto los hallazgos más sólidos y prometedores, así como las vanguardias exploradoras más productivas.” Desde luego, algo más profundo y serio que un simple repaso, como modestamente define su trabajo el profesor Tobeña.

Considera el autor que, a estas alturas de los avances de la ciencia, se empieza a divisar que las propensiones a la espiritualidad, la trascendencia y la devoción religiosa se encuentran ancladas en circuitos y engranajes singulares del cerebro; se trata, en definitiva, de circuitos y engranajes al servicio de unos fenómenos de conciencia que constituyen el fermento de la religiosidad individual.

Aunque la escolástica no goza de buen predicamento, es bueno recurrir en ocasiones a su sistemática, comenzando por definir el término sobre el que se va a versar. Es lo que se hace aquí. ¿Qué se entiende por religión? Tobeña sigue a Boyer en describir los ingredientes básicos del concepto: 1) Representaciones mentales de agentes no físicos; 2) Artefactos vinculados a esas representaciones mentales (estatuas, …); 3) Prácticas rituales; 4) Vivencias o experiencias que invocan a los agentes sobrenaturales y permiten la comunicación interactiva con ellos; 5) Intuiciones morales y normas explícitas; y 6) Afiliación étnica y coaliciones montadas bajo la guía de los agentes sobrenaturales. A todos estos ingredientes añade el autor la propiedad que han de contener: que muestren atributos reconocidos en varias culturas.

Nostalgia de la divinidad

Hecho esto, ya se está en condiciones de superar el Preámbulo y comenzar el recorrido por los capítulos de la obra. Y habla Tobeña de la nostalgia de la divinidad, una nostalgia que se expresa principalmente en los ritos funerarios, ya que la muerte es la verdadera desazón nuclear, el enigma fundamental, la fuente inagotable de donde beben todas las religiones.

Constata varios hechos. En primer lugar, que la ciencia va arrinconando a la religión, aunque, pese a ello, las sociedades basadas en ella, en la religión, son mucho más estables que las instituciones seculares; lo que hace que las empresas políticas se acerquen a ella y la tienen como uno de sus pilares fundamentales.

Y, pese a que las religiones muestren signos de decrepitud, se mantienen, sin embargo, muy vivas y, desde luego, no hay signos de que esté próxima su definitiva desaparición, como se pronosticó. Aunque, eso sí, existe una tendencia actual hacia la religiosidad individual, ya que las estadísticas muestran cómo hay un progresivo abandono de las prácticas religiosas, con una profundización en las creencias de fondo por parte de los individuos. Es lo que se ha definido como la espiritualidad poscristiana que “se caracteriza por la idea de que el yo tiene un componente divino, y está impregnada por una concepción inmanente e inefable de lo sagrado”.

El autor ofrece seguidamente datos estadísticos sobre los científicos creyentes, no creyentes y agnósticos/dubitativos, recogidos en los Estados Unidos, que muestran una tendencia a la increencia entre los científicos, aunque hay que constatar la existencia de otros estudios con conclusiones contrarias, no recogidos en la obra; especial mención merece la contraposición entre ciencia y religión, ante la que los científicos mantienen posturas diversas.

Piensa Tobeña que las religiones institucionales realizan maniobras de renovación doctrinal, para ir dando cabida a los avances de la ciencia que hacen retroceder el espacio de las creencias, aludiendo al caso de la Iglesia Católica, de la que refiere los cambios en la concepción del cielo y del infierno; como ocurre cuando se pasa de los datos contrastados a la interpretación personal, encontrará el autor quien no comparta las conclusiones a las que llega en su explicación.

Finalmente, en este primer capítulo, alude a los apóstoles del ateísmo, con referencia a Dawkins y, de manera muy especial y más extensa, a Dennet, mostrándose crítico con sus acciones de las que dice que “el problema es que esas vistosas piruetas continúan siendo inocuas como herramientas explicativas”.

Ensoñaciones y visiones

¿Y qué hay de la creencia en seres sobrenaturales, a los que recurrir o quienes nos proporcionan experiencias consideradas místicas? Sirvan como respuesta las primeras líneas del segundo capítulo de la obra: “Las nociones y las creencias trascendentes que nutren el caudal de la religiosidad son una de las secreciones más curiosas de la mente humana”. Es muy claro cuando afirma que las ideas religiosas combinan una enorme fuerza evocativa con una total ausencia de vinculaciones con la realidad objetivable. “Todas las religiones se caracterizan, en esencia, por postular unos agentes adicionales o añadidos que la naturaleza ni contiene, ni propone, por su cuenta”.

Para Tobeña, la ideación religiosa ha de ser catalogada como una ilusión o ensoñación sobre el poder supremo, el gobierno cósmico a gran escala y también para las minucias más ordinarias e insignificantes. No es la religiosidad sino un atributo o rasgo del temperamento humano que engloba otros componentes mayores: 1) La credulidad en agentes o fuerzas sobrenaturales; 2) La reverencia y sumisión ante ellos; 3) La invocación y demanda de su intervención; 4) La esperanza trascendente, la vida tras la muerte; 5) Las vivencias de perfección o armonía absolutas; 6) La proclividad a la congregación y la hermandad; y7) La dedicación sacrificada a los demás. Vectores que no agotan todas las posibilidades, pero que sí delimitan un marco de indagación.

La clave está en que con estos indicadores han podido detectarse tendencias que remiten a posibles vinculaciones con engranajes de la organización y funcionamiento del cerebro. Y, en apoyo de su propuesta, aporta el autor los resultados de las investigaciones llevadas a cabo por Vassilis Saraglou. Seguidamente se detiene en las conclusiones obtenidas por el Cuestionario Tridimensional de Cloninger, exponiendo las diferencias sistémicas entre los dos sexos en la proclividad religiosa o en diferentes estadios de la vida, concluyendo que “es el temple de base, el modo de ser, el carácter de cada cual, lo que moldea la religiosidad y no al revés”.

En un paso más, nos indica cómo habría un poso para la religiosidad en la estructuración y el moldeamiento del cerebro humano que vendría dado hasta cierto punto por la vía génica.

También hay párrafos dedicados a ateos, agnósticos y descreídos en general, quienes, pese a su postura ideológica, entienden las ventajas que puede aportar una creencia en seres superiores, en ocasiones, recorriendo el camino de la fe hacia la increencia; aunque reconoce que se da también el proceso inverso, como en el caso del máximo protagonista del proyecto Genoma Humano, convertido al teísmo tras sus descubrimientos.

El capítulo, como ocurriera en el precedente, contiene abundantes cuadros estadísticos, basados en experiencias norteamericanas, extrapolables sin embargo al resto de los seres humanos, aunque el autor suaviza con frecuencia sus afirmaciones, dejando un estrecho campo abierto a diferentes posibilidades.

Religiosidad y neurología

En el tercer capítulo de esta más que interesante obra, se aborda la Neurología de la religiosidad. Y advierte el autor desde las primeras líneas que “el ámbito que quiero diseccionar en detalle es el de los sustratos neurales de la religiosidad”. Analiza, primeramente, los cerebros hiperreligiosos y la epifanías psicodélicas, atribuyendo pensamientos trascendentes y obsesiones de tipo religioso a la epilepsia, ofreciéndonos una larga lista de figuras religiosas con historia personal de convulsiones o epilepsia, en la que figuran desde Amenhotep IV hasta santa Teresita de Lisieux, pasando por Buda, Julio César, san Pablo, Mahoma, santa Teresa, Joseph Smith o Soren Kierkegard. Sus experiencias místicas pueden ser estimuladas por algunos psicotrópicos, como la psilocibina, aportando datos estadísticos de experiencias realizadas en Estados Unidos.

También nos habla de experimentos llevados a cabo con monjas carmelitas y con budistas, que vendrían a apoyar sus planteamientos, aunque no deja de reconocer que, pese a su abundancia y manifiesta tendencia, aún no son datos de certeza absoluta: “Habrá que recomprobar si este tipo de hallazgos se sostienen con firmeza en otros ensayos y condiciones, a pesar de que la veta exploradora es desafiante e incitadora y no parece un mal inicio detectar fenómenos vinculados con anomalías y singularidades en los estados de conciencia”.

Una nueva aportación la hacen científicos italianos de la universidad de Udine, quienes obtuvieron indicios que vinculaban una región particular de la corteza parietal del cerebro con variaciones en el grado de religiosidad; proponían que la reducción de la actividad a la corteza parietal puede que sea el mecanismo que hay detrás de las experiencias de dilución de los límites corporales o de percepción extracorpórea que algunas personas experimentan. Y se extiende Tobeña en profundizar en sus planteamientos basándose en estos experimentos y su incidencia en partes concretas del cerebro.

El capítulo finaliza con un epígrafe dedicado al marcaje genético de la religiosidad, a su carga hereditaria. Alude a Dean Hamer, el neurogenetista que abrió la senda más prometedora para adentrarse en la genética molecular de la espiritualidad y, cómo no, a su famoso y controvertido ensayo The God gene: how faith is hardwired in our genes. Eso sí, concluye que la espiritualidad no es, ni puede ser, cosa de un solo gen. Algunos gráficos con imágenes del cerebro captadas durante las experiencias que se explican, ilustran adecuadamente estas páginas.

Captar y predecir el mundo

“Desde un punto de vista cognitivo, cualquier creencia religiosa puede ser descrita como un modelo mental de la realidad, donde la causalidad es atribuida a fuerzas invisibles que existen en una esfera metafísica más allá de la experiencia cotidiana”. Con estas palabras de Fukuyama, nos introduce Tobeña en uno de los capítulos más interesantes de su obra, partiendo de la hipótesis de que contemplen y conciban el mundo de una manera peculiar y prototípica aquellos individuos con propensiones espirituales y devocionales. Aborda, primeramente, la capacidad balsámica, amortiguadora, que se atribuye a las creencias religiosas ante catástrofes o situaciones difíciles de la vida.

De la misma manera, explica cómo determinadas creencias condicionan la manera de ver el mundo, aportando el ejemplo de cómo unos calvinistas se concentraron en los detalles de un experimento, mientras que católicos y judíos se fijaban en aspectos más generales y de conjunto, según las conclusiones de un estudio llevado a cabo en Europa. Y, aunque advierte de lo prematuro que es deducir con certeza resultados fiables, apunta que “no se pierde nada en consignar diferencias en los procesos de captación de los objetos y eventos del mundo en función de creencias religiosas”.

Un paso más en este capítulo lo constituye el hecho de que la devoción religiosa puede llegar a pretender compartir y armonizar creencias con la divinidad; es decir, que un creyente tiende a atribuir sus propias asunciones a la divinidad en la que cree. Por otro lado, considera la enorme facilidad que tenemos los humanos para elaborar representaciones de agentes suprahumanos con propiedades extraordinarias como una explicación para que sea tan común y contagiosa la noción de divinidad.

En sus propias palabras: “Del mismo modo que venimos al mundo con sistemas neurocognitivos preparados para captar, atrapar y emitir flujos vocales ajustados al habla del entorno, de manera muy eficiente y veloz, vendríamos también facilitados para fabricar sistemas de creencias ayudadoras y confortadoras”.

En un paso ulterior, se fija en cómo las creencias que se implantan en las mentes infantiles se resisten a desaparecer en estadios posteriores del desarrollo, incluso en quienes se manejan en el mundo científico. Algo que se traduce, con frecuencia, en rituales practicados no solo por creyentes, sino incluso por quienes no lo son, citando, como ejemplos los gestos que practican deportistas, el uso de ornamentos corporales de prometida eficacia contra los males, etc. Y finaliza con un epígrafe donde pretende demostrar que, a mayor agudeza y velocidad cognitiva hay una menor propensión religiosa.

Todo el capítulo justifica sus presupuestos en estudios diferentes realizados en centros académicos, sobre todo americanos, aunque incluye algunos europeos.

Moralidad y religión

Una afirmación categórica del autor marca el inicio de este capítulo, el quinto de la obra: “No hay doctrinas religiosas sin asunciones morales o códigos normativos explícitos”. Esto es tan así que no es raro encontrar personas que confunden religiosidad con moralidad. Pese a ello, se hace también evidente que no son precisas las divinidades para que afloren conductas generosas, compasivas y respetuosas, aunque se constate que las religiones han sido marcos útiles para el fortalecimiento de la observancia moral, pero no para su nacimiento.

Cuestión diferente es el control de esa moralidad que se da de manera diferente en comunidades pequeñas, donde dicho control es ejercido por la propia sociedad sin necesidad de recurrir a agentes sobrenaturales, como ocurre en agrupaciones mayores. Es aquí donde se nota más la influencia de un dios vigilante que controla nuestros actos; y si ese dios es punitivo y justiciero, la propensión al rigorismo es mayor que si es benévolo y compasivo. Lo que no quita que haya sujetos que actúen de manera ética sin necesidad de una vigilancia supranatural. Detalle también importante que apunta el autor es que la sensación de anonimato mitiga el temor a la culpa, haciéndonos menos exigentes éticamente.

¿Qué ocurre cuando se incumple la norma? A la culpa y la contrición dedica el autor algunas páginas de este capítulo, centrándose en las zonas del cerebro vinculadas a estas actitudes humanas, según estudios realizados sobre el particular. A lo que se une su reflexión sobre la plegaria misericordiosa y la limpieza moral, donde observa que aquella, la plegaria, muestra sus efectos sobre las personas, bien mitigando reacciones agresivas o de violencia, bien, en ocasiones, alimentando la combatividad; y relaciona la necesidad de limpieza moral, tras una acción considerada no ética, con la limpieza física, según se desprende los experimentos realizados para analizar estas proposiciones.

Costes y beneficios de la religiosidad

En este capítulo de su estudio, Tobeña plantea que la religiosidad permanece porque nos aporta una serie de beneficios, pese al alto coste que a veces conlleva. Lo explicita desde el principio: “si los antecesores presapiens ya mostraban una proclividad religiosa que ha tendido a perdurar y a afianzarse en la arquitectura mental que nos caracteriza, este atributo debería conferir ventajas notorias como para quedar fijado en la carga genética”.

¿Qué beneficios aporta la religiosidad? Los hay personales y sociales; entre los primeros figura el confort íntimo (placidez, serenidad, calma), fortaleza ante las adversidades que define como placebo antiestrés, etc. En cuanto a los beneficios sociales, señala la congregación y cohesión grupal, sentido de pertenencia, compromiso y hermanamiento con la comunidad de correligionarios. Pero hay más: las religiones aportan una narración omnicomprensiva y completa del trayecto vital y del devenir cósmico.

Todos estos beneficios no son gratuitos. Cita varios ejemplos, tales como las aportaciones económicas, los sacrificios de animales e incluso humanos, fastuosos monumentos funerarios como ofrenda al dios, dedicación a enfermos y moribundos y, el máximo precio, la propia vida en el martirio.

En apoyo de su tesis cita a Darwin, para quien los individuos religiosos deberían presentar un mejor bagaje y mayores recursos para la supervivencia y dejar más descendencia viable, como exigen los filtros de la selección natural. Esto lo subraya David S. Wilson, para quien la religión es una forma de adaptación grupal: “la religión sería, por consiguiente, un abrigo muy eficaz, un artefacto cultural al servicio del establecimiento de normas de inclusión y de cooperación que se diseminan mediante catequesis precoz dentro de cada comunidad”.

Alude también a la manera de protegerse mediante la colaboración de los miembros de un grupo religioso; comienzan con un régimen estricto de normas rígidas; luego, al ir creciendo, se relaja un tanto esa estructura inflexible, dando lugar a sectas que desean volver al rigor primitivo.

Reitera lo expuesto apoyándose en Dennett, quien propuso que dios o cualquier otra noción relacionada con lo sagrado son artefactos cognitivos, memes, de enorme invasividad y con una función muy específica: promover orden y estabilidad en los complejos escenarios, los naturales y los sociales, donde tienen que espabilarse y medrar los humanos.

Tales memes de las religiones vehiculan una descripción simplificada pero coherente del mundo que facilita su comprensión y aceptación. Lo que es aprovechado por las jerarquías para esquivar toda responsabilidad, trasladando a esa entelequia superior la culpa de las negatividades que puedan surgir.

Vuelve nuevamente sobre los beneficios personales, trayendo a colación estudios realizados que confirman los aportes de la religiosidad en determinadas situaciones adversas, con resultados incluso físicos, tales como recuperaciones más sólidas y rápidas en enfermedades o tras intervenciones quirúrgicas. Y, tratándose de la meditación trascendental, como la de algunos yoguis, se alcanza, incluso, a anular las partes del cerebro que acusan el dolor.

De aquí, pasa a la esperanza, movilizadora de los recursos personales ante lo incomprensible o ante la adversidad, y, en un paso más, al optimismo, por el que esperamos que ocurran acontecimientos positivos en el futuro aunque no tengamos indicios sólidos para confiar en ello. Aunque hay evidencias de que los senderos del optimismo y sus efectos salutíferos no pasan forzosamente por el cultivo de la religiosidad, pues pueden estimularse en el cerebro a través de otras vías.

Ritualidades y música

Teatro litúrgico y burocracias curiales es el título del séptimo capítulo de la obra. Se trata de un capítulo más especulativo que sustentado en estadísticas de estudios realizados, como ha hecho hasta ahora el autor, salvo cuando comenta la importancia de la música como estimuladora de determinados sentires.

Es la muerte la semilla y el crisol infalible de la religiosidad, “su compañera más fecunda y el ariete más incisivo del ansia de trascendencia”. Es en ella, en la muerte, cuando, según el autor, la religión actúa como un asidero para acompañarnos en el tránsito final y lo hace a través de determinados rituales; es el contacto con pensamientos sobre la muerte el que acentúa la creencia en agentes sobrenaturales.

También la música, presente con harta frecuencia en rituales religiosos, es uno de los mayores acompañantes para adentrarse en la experiencia de lo sagrado; es más: aventura el autor que no está nada claro que primero fuese la palabra, el verbo, antes que la música. Es en este apartado donde Tobeña se apoya en estudios realizados con músicos para proponer que la música tiene una invasividad emocional incontenible, trabaja activando los mismos circuitos cerebrales gratificantes que los inductores del placer sexual y otros gratificadores primarios.

Finalmente, aborda las instituciones y burocracias religiosas, constatando que es notoria la pérdida de importancia de las castas oficiantes en el estatus y en la presencia social. Aunque advierte de que ello no implica que las instituciones religiosas estén desapareciendo; muy al contrario, resisten desde la segunda o tercera fila apoyadas en dos pilares: en primer lugar, el bagaje de sabiduría y sutileza que atesoran para la liturgia de la exigencia; y, en segundo lugar, por su indiscutible capacidad para montar redes institucionales de asistencia, superior a la de gobiernos y ONGs.

¿Tiene futuro la religiosidad?

A responder a esta cuestión dedica el autor el octavo capítulo de la obra. Reconoce que aún queda mucho que estudiar, mucho que investigar incluso sobre lo ya trabajado y que ha sido expuesto en los capítulos precedentes: los condicionamientos de género, de cultura, el brote de espiritualidad que se vive, … Se ha llegado, incluso, a afirmar que la religión es una especie de clausura grupal para atajar infecciones y parasitismos procedentes de comunidades ajenas. Especial hincapié hace en el carisma de determinadas personas, capaces de persuadir a las masas, anulando aquella parte del cerebro que nos induce a analizar y filtrar la información que recibimos; y aporta el ejemplo de Obama, quien, a su juicio, arrastra a las audiencias con su carisma (sobre este ejemplo, hay que añadir que otros ponen el énfasis en el uso de las nuevas tecnologías y su presencia en el mundo virtual como génesis de su atractivo y de sus triunfos electorales).

Estima Tobeña que hay aún mucho que investigar en la frontera distintiva entre creyentes y descreídos y añade que “los ingenieros que construyen robots versátiles, espabilados y adaptativos quizá puedan llegar a aportar elementos útiles para la investigación de frontera en religiosidad”.

A la vista de todo lo expuesto, ¿tiene futuro la religiosidad? Es significativa la respuesta que recoge de una cita de Hitchens: “Las creencias religiosas son inexpugnables precisamente porque somos todavía criaturas que se afanan en evolucionar. No morirán o al menos no lo harán hasta que hayamos superado el miedo a la muerte, el miedo a la oscuridad, el miedo a lo desconocido y el miedo a los demás”.

Pero estima que la neurociencia de la religiosidad lleva buen ritmo, aunque ve poco probable que esta, la religiosidad, desaparezca totalmente; y eso que tiene apóstoles activos del ateísmo cuyos éxitos, a la vista de la experiencia, resultan magros. “A pesar de las oscilaciones provocadas por la prédica antirreligiosa o por las grandes transformaciones tecnológicas y demográficas de la última centuria, la credulidad persiste intocada y todo indica que se mantendrá sana y fuerte”.

Piensa que la ciencia no representa ninguna amenaza para las religiones y que están desenfocados los ateos y escépticos que imaginan una victoria de sus postulados. Porque, en primer lugar, minusvaloran la potencia de la religiosidad popular, el hecho de que las nociones y vivencias espirituales surgen inevitablemente en la mayoría de los humanos.

En segundo lugar, minusvaloran la flexibilidad del pensamiento teológico para adaptarse a lo que le llega desde la ciencia. Y finalmente, porque olvidan la dureza e impenetrabilidad de la ciencia; la ideación religiosa es automática, intuitiva y natural, mientras que la científica requiere una disciplina rigurosísima.

La obra se cierra con un Epílogo en Tarraco, pues fue allí, en Tarragona, donde pronunció una conferencia sobre “Cerebros religiosos y ateos”, cuyo contenido se ha expresado en estas páginas. Merece ser leído con suma atención pues aquí el autor, pese a haber manifestado su postura de no creyente, que se entrevé además en las expresiones que dedica a quienes lo son, reconoce que los sondeos y estudios realizados no aportan garantías suficientes, aunque sí dan indicios y apoyan planteamientos como los que expone en el libro.

Y fundamenta su criterio en tres pilares que desarrolla sucintamente y que, resumidos, son: hay sustancias que permiten provocar las mismas sensaciones que producen los hechos religiosos, sin necesidad de estar conectados a ellos. En segundo lugar, “los sistemas neurales mediadores de las creencias y las experiencias espirituales con acotables y hay que subrayar, además, que no reclutan toda la maquinaria cerebral”. Y en tercer y último lugar, “los hallazgos que indican que puede modificarse el funcionamiento de algunos sistemas neurales de modo que operen mediante un registro o perfil distintivo cuando procesan ítems con contenidos religiosos explícitos o, mejor todavía, implícitos o enmascarados”.

Y el libro termina con un amplio registro bibliográfico.

En conclusión

Nos encontramos ante un libro que merece una lectura serena y objetiva. El autor va exponiendo sus propuestas, basándose en estudios llevados a cabo en diferentes centros académicos especializados en investigar nuestro cerebro; en su mayoría se trata de estudios realizados en América, aunque se aporta algún que otro ejemplo europeo o asiático. Es evidente que los resultados aportan datos estadísticos y que, en sus conclusiones, no se alcanza el cien por cien, sino que señalan una tendencia válida para respaldarlas.

En este sentido, el autor reconoce las limitaciones que se pueden deducir, pero su experiencia científica en el estudio del comportamiento de nuestros cerebros le induce a expresar sus convicciones. Cuando deja la senda de lo experimentado y se adentra en el campo de la especulación se llega al punto en que no todos, incluidos científicos, compartan su visión del asunto; lo que ocurre, principalmente, en los dos últimos capítulos del texto.

En cualquier caso, se trata de una obra muy recomendable y que pone nuevos mojones en ese camino de desentrañar los misterios que encierra la religiosidad.

Índice

Preámbulo: Cerebros religiosos y ateos

1. Nostalgia de la divinidad
Precariedad de las sociedades arreligiosas
Vigencia de la religiosidad: perfiles de la devoción y el secularismo en el mundo
¿Científicos descreídos?
Maniobras de renovación doctrinal
Buses ateos contra memes religiosos: futilidad de las campañas antidevotas

2. Poderosas ensoñaciones
Variedades de la experiencia religiosa
Vectores de los temperamentos religiosos
Religiosidad heredable
Semillas de credulidad e incredulidad: devotos y descreídos

3. Neurología de la religiosidad
Cerebros hiperreligiosos y epifanías psicodélicas
Carmelitas canadienses y monjes tibetanos
Neuropatología “religiosa”, trascendencia y mecanismos de la cognición social
De la neuroimagen a la neurogenética espiritual

4. Captar y predecir el mundo
Obviar ambigüedades y errores
Tareas atencionales, coherencias e incertidumbres
Las creencias propias y las divinas
Supersensaciones e ilusiones cognitivas
Adultos con sesgos cognitivos infantiles
Palomas supersticiosas
Inteligencia y religiosidad

5. Religiosidad e inclinaciones morales
Cumplimiento de normas, generosidad y caridad
El ojo vigilante del Todopoderoso
Culpa y contrición
Plegaria misericordiosa y limpieza moral

6. Funciones de la religiosidad: costes y beneficios
Las iglesias son más que un club
La religiosidad como señal valiosa de compromiso grupal
De los templos darwinianos a las mutualidades informales
El relato redondo: memes del orden para las santas alianzas
Placebo antiadversidades
Milagros fisiológicos
¿Optimismo oxitocínico?: el confort esperanzado de las almas

7. Teatro litúrgico y burocracias curiales
Servicios litúrgicos imbatibles
Danzas rituales y músicas transportadoras
Instituciones y burocracias religiosas

8. Futuro de la religiosidad
Investigación de frontera y el arrastre del carisma
Estudios en ateos y descreídos
Robots espirituales y santos
¿Dios en manos de la biología?: la espiritualidad indestructible

9. Epílogo en Tarraco

 

 

Tomado de Tendencias 21.net

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Nansen, maestro de la exploración polar

 

 

 

 

 

 

 

 

Nansen, maestro de la exploración polar

El científico que llegó a Premio Nobel de la Paz

Ficha Técnica

TítuloNansen, maestro de la exploración polar
AutorJavier Cacho
EditaFórcola Ediciones. Madrid, 2017
Colección: Periplos -33
Materia: Exploraciones polares
Encuadernación: Rústica con solapa
Número de páginas: 496
ISBN: 978-84-16247-90-5
PVP:  27,50 €

Tras seducirnos con el relato de la trepidante carrera por la conquista del Polo Sur protagonizada en 1911 por Roald Amundsen y Robert F. Scott, y conmovernos con la historia de las hazañas y derrotas en la Antártida de Ernest Shackleton, Javier Cacho nos invita a conocer la intensa vida del maestro de la exploración polar Fridtjof  Nansen (1861-1930).

De porte atlético y distinguido, Nansen fue un magnífico jinete, experto esquiador y mejor cazador; hombre culto y buen conversador que hablaba varios idiomas, su cordialidad, su personalidad y sus dotes de buen orador causaron sensación. Idealista y soñador, como explorador Nansen revolucionó la técnica de los viajes polares y, con independencia de sus logros, se convirtió en la autoridad indiscutible en esa materia, a quien todos acudían en busca de consejo.

De formación científica, destacó por sus estudios de zoología, fue un gran especialista en oceanografía –propuso la teoría sobre los movimientos de las aguas profundas del Atlántico Norte–, y realizó contribuciones significativas en el campo de la neurología. En 1888 afrontó el desafío de atravesar Groenlandia por primera vez, y logró adquirir fama internacional tras alcanzar el récord de latitud Norte de la época —86°13′— durante su expedición en el Fram al Polo Norte entre 1893 y 1896.

Nansen jugó un importante papel en la independencia de Noruega, lo que acrecentó su popularidad entre sus conciudadanos. Su valentía como explorador, su reputación intelectual, su aureola de hombre íntegro y su prestigio en el extranjero le convirtieron en una de las figuras más admiradas de la historia de Noruega, así como en uno de los exploradores polares más famosos de su tiempo.

Respetado como diplomático, tras la Primera Guerra Mundial fue nombrado alto comisionado de la Sociedad de Naciones para los prisioneros y refugiados de guerra, donde colaboró activamente en defensa de cientos de miles de víctimas del conflicto, lo que le valió el Premio Nobel de la Paz en 1922.

 

Tomado de Tendencias 21.net

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La autoconsciencia es una rareza, pero se puede potenciar

 

 

 

 

 

 

 

La autoconsciencia es una rareza, pero se puede potenciar

 

 

Mejora el desempeño laboral, las relaciones sociales e incluso el cerebro

 

Tener autoconsciencia implica ser capaces de reconocer nuestros estados de ánimo, nuestras limitaciones, defectos y recursos; o nuestras propias intuiciones. Sin embargo, según un estudio reciente, solo entre un 10% y un 15% de las personas son verdaderamente autoconscientes. La buena noticia es que la autoconsciencia se puede potenciar. Para ello, debemos hacernos las preguntas adecuadas y estar muy atentos a nuestros prejuicios y sesgos inconscientes.

 

 

 Solo entre un 10% y un 15% de las personas son autoconscientes, asegura la investigadora estadounidense Tasha Eurich, especialista en psicología organizacional, una de las colaboradoras de The New York Times más leídas, y autora de varios títulos de éxito sobre cómo mejorar el desempeño en organizaciones potenciando la autoconsciencia.

Eurich y su equipo de colaboradores han llegado a esta y otras curiosas conclusiones sobre la autoconsciencia humana tras analizar a 5.000 personas en 10 investigaciones distintas, con el objetivo de definir qué es la autoconsciencia, por qué la necesitamos y cómo podemos incrementarla.

¿Qué entendemos por autoconsciencia? Según la perspectiva psicológica tradicional, tener autoconsciencia implica ser capaces de reconocer nuestros estados de ánimo, nuestras limitaciones, defectos y recursos; o nuestras propias intuiciones.

Dos tipos de autoconsciencia

Según explica Eurich en un artículo aparecido en Harvard Business Review, existirían además dos tipos de autoconsciencia: la interna y la externa. El grado de autoconsciencia interna lo determina la claridad con la que vemos nuestros propios valores, pasiones, aspiraciones; y con la que somos capaces de entender cómo todo eso encaja con nuestro entorno e impacta e influye en los demás.

Eurich y su equipo han constatado en su investigación que este tipo de autoconsciencia se asocia con una mayor satisfacción en el trabajo y en las relaciones, con un mayor control personal; y con una mayor felicidad y satisfacción sociales.

 El segundo tipo de autoconsciencia nos permite comprender cómo somos vistos por otras personas. Eurich ha descubierto que los individuos que saben cómo los ven los demás son más hábiles para mostrar empatía y tener en cuenta las perspectivas ajenas.

 Lo más curioso de estas dos formas de autoconsciencia, dice Eurich, es que tener un nivel alto en una no implica un nivel alto en la otra. De hecho, “nuestra investigación prácticamente no encontró ninguna relación entre ellas”, de lo que se deduce que la autoconsciencia completa sería un “un delicado equilibrio entre ambos puntos de vista, que son distintos e incluso pueden competir”.

Tener poder reduce la autoconsciencia

Otro hallazgo interesante de Eurich y su equipo es el papel del poder y de la experiencia en el nivel de autoconsciencia individual.

Según sus resultados, las personas con mucha experiencia y poder tienden a verse como altamente experimentadas, percepción que hace que  no se cuestionen sus supuestos. Estos individuos pueden caer entonces en una “falsa sensación de confianza sobre su propio desempeño”, y en la cerrazón.

Solo aquellos que, en esta situación, son capaces de buscar comentarios críticos con frecuencia, pueden contrarrestar esta tendencia. En el ámbito laboral, que es en el que Eurich ha realizado su estudio, son vistos además como los líderes más exitosos.

Cómo aumentar la autoconsciencia

Más sorprendente resulta la constatación de que aquellas personas más introspectivas pueden ser las menos conscientes de sí mismas. La causa, señala Eurich, es que suelen hacerse la pregunta errónea: “¿Por qué?”

  “Nuestra investigación ha demostrado que, si nos preguntamos por qué, simplemente no tenemos acceso a muchos de los pensamientos, sentimientos y motivos inconscientes que estamos buscando (…) Tendemos a inventar respuestas que se sienten verdaderas pero que a menudo están equivocadas”. La pregunta de “¿por qué?” también nos invita a pensamientos negativos improductivos, “centrados en nuestros miedos, deficiencias o inseguridades, en lugar de propiciar una evaluación racional de nuestros puntos fuertes”.

En este sentido, Eurich recomienda preguntarse “¿qué?” para aumentar la autoconsciencia, para estar más abiertos a nuevas informaciones y para aprender cómo utilizarlas: “¿Qué fallos he tenido?” “¿Qué pasos puedo dar para conseguir un objetivo determinado?” “¿Qué debo hacer para avanzar?”

Autoconsciencia contra los prejuicios

Más allá del ámbito laboral, investigaciones previas han encontrado otras maneras de aumentar la autoconsciencia para evitar un elemento que suele condicionar nuestras relaciones sociales: los prejuicios inconscientes hacia otras personas.

Como ejemplo, en 2006, un test realizado a través de Internet (la Prueba de Asociación Implícita, creada por Brian NosekMahzarin R. Banaji, y Tony Greenwald) a tres millones de personas reveló que tres cuartas partes de ellas presentaban una tendencia inconsciente a ser racistas.

La autoconsciencia puede ayudarnos a superar este tipo de sesgos (racistas, homófobos, clasistas, etc) y mejorar la convivencia en las sociedades. Diversos estudios realizados en los  últimos años han constatado que solo con escuchar nuestros sentimientos y creencias (hacernos autoconscientes de ellos) podemos reducir dichos sesgos. En este sentido, la meditación también puede ayudar, pues  se ha constatado que reduce los prejuicios de cualquier tipo hacia otras personas.

La cuestión cerebral

Ejercitar la autoconsciencia podría, asimismo, modificar el modo en que funciona nuestro cerebro. Mientras que los prejuicios inconscientes activan regiones cerebrales implicadas con emociones como el miedo (por ejemplo, la amígdala), tal y como han demostrado en los últimos años diversas investigaciones, la autoconsciencia activa otras regiones de nuestro cerebro cuanto menos más interesantes.

En 2012, una investigación llevada a cabo con la técnica de tomografía de resonancia magnética o MRT, por investigadores de la Sociedad Max Planck para el Avance de la Ciencia (MPG) de Alemania, en colaboración con especialistas del hospital universitario Charité, de Berlín, reveló que la autoconsciencia implica la activación de una red cortical específica constituida por la corteza prefrontal dorsolateral  derecha, las regiones frontopolares y el precúneo, una parte del lóbulo parietal superior del cerebro.

A la corteza prefrontal dorsolateral se le atribuye la función de autoevaluación, a las regiones frontopolares, la función de evaluar nuestros propios pensamientos y sentimientos; y el precuneus ha sido vinculado con la autopercepción. Por tanto, la autoconsciencia implicaría que actuaríamos no por “miedo” u otras emociones básicas, sino conociendo mejor nuestro estado, nuestras capacidades y nuestro lugar en el mundo. Definitivamente, merece la pena potenciarla.

Tomado de Tendencias 21.Net

Yaiza Martínez

Miércoles, 24 de Enero 2018

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El blog “Círculo literario Aqoya” forma parte de la Revista RafTulum.

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“La Naturaleza de la Realidad”: Ervin Laszlo

 

 

 

 

 

 

La naturaleza de la realidad

 

 El nuevo mapa del cosmos y la conciencia

 

La naturaleza de la realidad constituye la síntesis intelectual deErvin Laszlo, resultado de medio siglo de apasionantes estudios sobre el significado y propósito de la existencia.

Laszlo nos ofrece nada más y nada menos que un nuevo paradigma de la realidad; una visión que concibe el cosmos de forma unitaria, sin fisuras, fundamentado en una conciencia única y coherente, manifiesta en todos nosotros.
Uniendo ciencia, filosofía y metafísica, el autor toma las dicotomías clásicas cuerpo/mente, espíritu/materia o ser/no-ser, para mostrar que todos somos parte de un ciclo infinito de existencia que se despliega en el espacio-tiempo y más allá.

El texto viene acompañado de fascinantes aportaciones de una docena de pensadores (de la talla de Stanley Krippner, Tulku Thondup, Kingsley Dennis, Gary Zukav o Jean Houston), así como con un prólogo de Deepak Chopra y una introducción de Stanislav Grof.

De una forma u otra, dice el autor en el prefacio de la obra, los seres humanos, a lo largo de su historia, se han planteado la pregunta de cuál es verdaderamente la naturaleza de la realidad. Quienes reflexionaron sobre ello se dieron cuenta de que la realidad no es necesariamente tal como la vemos, y que podría haber algo más de lo que podemos ver, oír y tocar.

 Se han dado muchas respuestas, pero estuvieron enmarcadas en los sistemas de creencias vigentes en ese momento enraizadas en la visión personal de un profeta u otro individuo carismático. Actualmente, podemos intentar ofrecer una respuesta basada en la ciencia; una respuesta deducida de los descubrimientos realizados en los campos de la investigación científica…

… La realidad que actualmente está saliendo a la luz en la ciencia va mucho más allá del mundo que podemos ver, oír y tocar, Las últimas teorías no son colecciones y registros de elementos de la experiencia sensorial, sino extrapolaciones de alto nivel…

… En la ciencia, las teorías reinterpretan los “hechos observados” de una forma que permita su articulación como elementos integrantes de una realidad coherente. La realidad que ahora surge en la vanguardia de la ciencia suplanta a la realidad concebida por la física clásica, en la que las partículas de materia interactúan en un espacio pasivo y en el tiempo que fluye de modo indiferente.

 La nueva realidad percibe la interconexión entre todas las cosas del universo. No se basa en la materia, e incorpora espacio y tiempo en la interacción abarcante que determina la evolución en el sistema integral del mundo. Este no es un concepto radicalmente nuevo: se ha conocido de manera intuitiva durante milenios…

… Conexión y co-evolución son el núcleo de este nuevo mapa del cosmos y la conciencia, el mapa que promete darnos la mejor visión que hayamos tenido nunca de la verdadera naturaleza de la realidad. Este libro describe y habla de las características esenciales de ese mapa. (Extracto del prefacio)

 

Sumario

Prefacio

Prólogo de Deepak Chopra

Introducción de Stanislav Grof

Parte I: El nuevo mapa

  1.  El cosmos

Cambio de paradigma

El mapa del cosmos

La dimensión profunda en la filosofía clásica

Epílogo

  1.  La conciencia

La teoría convencional

El mapa de la conciencia

Epílogo: el final del dualismo.

  1.   La existencia

El mapa de la existencia

Apéndice: un caso experimentado de transcomunicación

Epílogo: renacimiento y reencarnación en las culturas tradicionales

Parte II: Exploraciones del nuevo mapa

  1.  El nuevo mapa de la física

La física de la unidad

 El cosmos in-formado

La teoría holográfica de la realidad. Allan Combs y Stanley Krippner

 

  1.  El nuevo mapa en el estudio de la conciencia

Un nuevo mapa de la realidad basado en la conciencia. Stephan A. Schwartz
Las raíces profundas de la conciencia. Ede Frecska
El nuevo mapa de la conciencia y las neurociencias. Nitamo Federico Montecucco

  1.  El nuevo mapa de la naturaleza de la existencia

Existencia más allá del cuerpo: la visión tibetana.  Tulku Thondup
Existencia más allá del cuerpo: la visión chamánica. Ná Àak
Existencia en el cuerpo y más allá del cuerpo: la visión mística. Jean Houston
La existencia y la inteligencia del cosmos: intuiciones de una comunión psicodélica. Christopher M. Bache

  1.  Horizontes más amplios

 El Tao, la conciencia y la existencia. Doctor y Maestro Zhi-Gang Sha

El nuevo mapa de la realidad. John R. Audette

Acción consciente para la totalidad planetaria. Kingsley L. Dennis

El mapa de la realidad de Laszlo y la nueva conciencia humana. Gary Zukav

Buscarla sintonía con la Inteligencia del cosmos. Alexander Laszlo

Parte III: El sentido

  1.  En busca de sentido

El propósito de la naturaleza

Buscar más profundamente

  1.  La visión del sentido último.

  2.  El propósito cósmico y la evolución de la conciencia

  3. Los escenarios visionarios

Epílogo.  Sentido y finalidad en el mapa de la realidad de Laszlo y en las  tradiciones de sabiduría.Shamik Desai

Agradecimientos
Notas
Bibliografía
Notas biográfica de los colaboradores

Índice analítico

Sobre el autor

 

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Ficha Técnica

TítuloLa naturaleza de la realidad

AutorErvin Laszlo. Con la colaboración de Alexander Laszlo

EditaEditorial Kairós. Barcelona, 2017

Traducción: Agustín López y María Tabuyo

Colección: Nueva  Ciencia

Materia
Encuadernación: Rústica con solapa

Número de páginas: 360

ISBN: 978-84-9988-577-3

PVP: 18,00 €

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Tomado de la Revista “Tendencias 21.net”

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Círculo Literario Aqoya forma parte de la Revista RafTulum.

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“Yo creo en la Vida”: confidencias de un psicoterapeuta; Jaime Llinares Llabrés

 

 

 

 

 

 

“Yo creo en la Vida”: confidencias de un psicoterapeuta;

Jaime Llinares Llabrés

Fue este el título definitivo, aunque pudo ser otro: El sufrimiento y la felicidad de la gente. Lo confesaba el propio autor, Jaime Llinares Llabrés, quien, cuando hizo esta afirmación, confesaba que llevaba no sabía cuántos años con este libro y que esperaba acabarlo aquel año. No le fue permitido. Le sorprendió la muerte antes de culminarlo. Fue su esposa, Lidia Farray Cuevas, la que póstumamente preparó la edición de este interesante libro, publicado bajo el sello de Editorial Manuscritos (Madrid, 2017) y decidió, con acierto, el título definitivo.

Lleva por subtítulo Confidencias de un psicoterapeuta. Y tiene mucho de esto, pues trata de recolectar la experiencia clínica de Jaime Llinares a lo largo de muchos años de ejercicio de su profesión. La obra recoge, inicialmente, una sucinta biografía del autor, a la que sigue unaPresentación redactada por su viuda.

En ella, deja claro que no se trata de un libro de autoayuda, sino que “ayuda a conocer los errores que cometemos y que nos hacen sufrir. Ayuda a complicarnos menos y gozar más. Ayuda a abrir los ojos al terrible dolor que sufre la humanidad en este paradigma de la desigualdad. Nos ayuda a liberarnos de la culpa neurótica y nos empuja a la libertad de ser nosotros mismos. Ayuda a tomar conciencia, que no es poco, como él mismo diría”.

El libro consta de dos partes bien diferenciadas. La primera la ocupan los tres capítulos que Llinares dejó redactados. En ellos, comparte su visión del ser humano, ofreciendo una manera nueva de abordar el sufrimiento psíquico. La segunda parte es la transcripción de dieciocho horas de grabación de un seminario intensivo que el autor impartió como cierre de la formación del primer grupo de holoanalistas.

Esto podría dar a entender que la primera parte tiene un cariz más personal, por el que se dirige más directamente al lector, con independencia de que sea o no un profesional de la práctica psicológica, mientras que la segunda va más dirigida a psicoterapeutas. Y, al menos para quien se acerca a sus páginas ajeno a la profesión del psicólogo, resulta así; lo que no empece que en la segunda parte, de lectura más ágil al tratarse de una conferencia dictada, no se puedan recoger semillas para el aprovechamiento personal.

Obertura y Dios

Gran amante de la música (tocaba diferentes instrumentos y poseía una excelente voz), no es de extrañar que su escrito comience con una Obertura. Se trata, probablemente, de unas de las mejores páginas del texto. Aquí el autor se confiesa y cuenta cómo el sufrimiento y la felicidad de sus semejantes, palpados a diario en su despacho, le movieron a escribirlo.

Narra el “misterioso miedo” a escribir un libro, al que consideraba algo maravilloso que solo personas muy especiales podían escribir, sin darse cuenta de que él era precisamente una persona a la que la sociedad consideraba muy especial. Y nos ofrece una larga lista de sus autores admirados, resumiendo su objetivo en que “ojalá que las lecciones que la vida me ha permitido y, a veces, obligado a aprender, sirvan para que ustedes, buscando pacientemente en estas páginas, encuentren más alegría y más paz”.

Un importante apartado en esta Obertura es el que titula A propósito de Dios. Afirma Llinares que “estamos en este mundo para conseguir una vida lo más larga y placentera posible, en unión amorosa con todos los seres del universo”. Y es precisamente a esa “unión amorosa universal de todos los seres” a lo que él llama Dios. Busca recrear la desaparecida unidad universal, anulando las desigualdades propias del sistema capitalista, porque el “cáncer de la desigualdad, que engendra arrogancia y desamor, hace metástasis en todos los órganos de nuestro planeta y, subsidiariamente, en todos sus habitantes, incluidos los más inocentes”.

Hace afirmaciones tales como que “yo no soy religioso, aunque lo fui, ni creo en el dios partidista y minúsculo que predican las religiones, ninguna de ellas, aunque creí”; no en vano alcanzó el grado de doctor en Teología. Sí intenta ser una persona espiritual, muy impactada por la vida y mensaje de Jesús de Nazareth. Y continúa más adelante aclarando su concepto de Dios, puesto que a lo largo de su obra se refiere con frecuencia a Él y a la divinidad: “El Dios al que yo me refiero es la Conciencia Eterna y Universal que une todo en Sí mismo, que todo lo abarca y todo lo fundamenta y que nada tiene que ver con las injustas desigualdades creadas por los humanos, incluidas las deleznables desigualdades engendradas por las religiones y por las mafias del poder político y económico. Dios, el Dios del que yo hablo y al que yo siento, es igualdad, totalidad, unión, amor”.

Es lástima que la prematura desaparición de Jaime Llinares le impidiera desgranar más este concepto que, a simple vista, suscita varias preguntas resueltas por él; y, siendo este “su” libro, inconcluso, no disponemos, de momento, de ulteriores explicaciones. Cierra este apartado diciendo que “este Dios tiene mucho que ver con la salud y con el bienestar de cada uno de nosotros, de nuestra sociedad y de la Tierra en la que vivimos. La enfermedad mortal de la Tierra y de sus habitantes se llama desigualdad, desamor, quizás, ausencia de Dios”.

La vida es sencilla

Se detiene, seguidamente, en la explicación del holoanálisis y el adjetivo holoanalítico, creados para la psicología terapéutica por Lidia Farray, para referirse al análisis completo u holístico, algo que, a la vez, es parte y todo. Una definición que tiene que ver con su concepto de que somos manifestaciones de un Todo a la vez que parte de él. Y, para poder comprender holísticamente a una persona, es necesario mirarla con el ojo físico, porque es cuerpo; con el ojo psíquico, porque la persona es psique; y con el ojo espiritual, porque la persona es espíritu o pneuma.

En el primer capítulo de lo que corresponde a textos escritos directamente por Jaime Llinares parte de la afirmación de que la vida es sencilla; una afirmación no aprendida en los libros de texto, sino engendrada en su propia experiencia personal. Distingue entre personas sencillas, que crean sencillez, y las complicadas, que siembran complicación; y propone con seriedad la conexión que existe entre sencillez y salud y complicación y enfermedad: “Sugiero que toda persona sencilla disfruta más de la vida, hace gozar a los demás y está más próxima al bienestar de la salud. Sin embargo, una persona complicada sufre más, hace sufrir más y está más predispuesta a la enfermedad”.

Para determinar en qué categoría nos incluimos hay que partir del antiguo conócete a ti mismo. Y lo primero que descubrimos es que todos nacemos con un derecho elemental, un derecho que el autor proclama a lo largo de toda la obra: el derecho de ser uno mismo, es decir, el derecho que tiene cada ser humano de ser como es y vivir conforme a lo que piensa y a lo que siente ser. Desistir de tal derecho es lo que lleva a una vida complicada y a la infelicidad.

Por tanto, es frecuente en la consulta clínica, ver a personas que afirman estar enfermas cuando, en realidad, no son tales, sino personas equivocadas, porque incurren en el error existencial de dejar de ser sí mismas. Un derecho elemental cuyo único límite es el mismo derecho que ostentan los demás.

Base de ese derecho elemental de ser sí mismo es el poder cubrir todas las necesidades que tenemos, pues somos, desde el nacimiento y aun antes, un manojo de necesidades. Y propone que la neurosis es, en definitiva, un error y una alienación existenciales, al igual que la psicosis. Hay quien piensa que ejercer tal derecho elemental es una manifestación de un egoísmo, confundiendo el negativo egoísmo con el positivo autocuidado, un error explotado por religiones, políticos y poderes económicos que lleva al sufrimiento innecesario.

Tras dedicar varias páginas a tratar el egoísmo y el altruismo, se detiene en el deber elemental, que es exactamente, el respeto al derecho elemental de los demás. Un derecho que se basa en el ser y no en el tener; en el ser somos todos iguales, por lo que no puede existir la comparación, que solo se da en el terreno del tener, donde sí cabe la desigualdad.

¿Y cómo se llega a complicarse la vida? En primer lugar, renunciando al derecho elemental de ser sí mismo; en segundo lugar, no asumiendo el deber elemental de respetar a los otros.

Y cierra el capítulo con una conclusión: “Vivir es sencillo. La vida es una realidad simple y llana y podemos vivirla con alegría, con ganas, con paz y con el gozo de la unión amorosa universal. Pero también podemos complicarla y hacerla tediosa, aburrida, muy dolorosa e, incluso, insoportable”.

La depresión, una caída

El segundo capítulo lo dedica al enigma de la depresión. Si la vida es un camino y nosotros somos los caminantes, no es raro que pueda haber caídas, en sentido etimológico, depresiones. Y estas se producen por no cumplir las reglas del juego. ¿Qué reglas? El autor las detalla: 1) Cada jugador es distinto de los demás, pero igual en esencia y dignidad. 2) Cada uno tiene el derecho y el deber de ser sí mismo. 3) Cada uno tiene el deber de respetar ese derecho en los demás seres. 4) Nadie ha venido a este mundo para cumplir las expectativas de nadie. 5) La tierra y sus bienes son propiedad de todos y cada uno de sus habitantes. 6) La desigualdad y la pobreza están prohibidas. 7) El amor a sí mismo y a los demás seres es la regla de oro del juego de la vida.

Detalla cuatro tipos de depresión: la reactiva, la anaclítica, por sobrecarga y por vacío, deteniéndose algo más en esta última y en el complejo de inferioridad.

Nacer

El tercer capítulo aborda la llegada a este mundo. Aquí habla de diferentes situaciones que arrancan incluso desde antes del momento de la concepción, pues explica el útero bueno, el que no solo físicamente está en condiciones de concebir, sino que también busca amorosamente el embarazo, y el útero malo que, pese a encontrarse en situación clínicamente correcta, sin embargo, acoge un embarazo no deseado; luego se refiere al momento del parto y lo que sigue a éste, prestando especial atención al lugar que ocupa, dentro de la fratría, el recién nacido, pues no es lo mismo ser el primero que el tercero e, incluso, el orden según el género: si nace primero una niña y luego un varón, etc.

Pero, probablemente, la aportación más destacada es la que se refiere al misterio de los sentimientos. Un sentimiento, define, es siempre una respuesta interior, silenciosa y no conductual a un estímulo, sea externo o interno. Por tanto, un sentimiento no es un acto, no es un hecho: sentir no es hacer. Esto trae una importante consecuencia: nunca nadie se puede sentir culpable por lo que siente.

No tener claro este principio ha sido fuente de escrúpulos innecesarios, angustias y temores que conducen a la persona a la consulta del psicólogo. Evidentemente, las religiones tienen en su haber inducir a errores como estos; así, por ejemplo, cuando se establece “no desear la mujer del prójimo”, se está culpabilizando un deseo, que es un sentimiento, libre por tanto de toda carga de culpa.

Una aclaración especial merece el amor, del que es corriente encontrar su definición como un sentimiento, lo que no es cierto. Se trata de una actitud permanente y voluntaria que suele venir acompañada de un sentimiento. Así, la definición del amor que nos ofrece el autor: el amor es “una actitud por la que la persona decide, consciente y libremente, no sólo respetar a todo ser, sino ayudarlo en el proceso de su autorrealización como ser”. Tiene sentido de esta forma que se puede amar al enemigo, si se mantiene una actitud comprensiva hacia él, aunque el sentimiento sea de aborrecimiento.

Sesiones prácticas

Finaliza así la primera parte de la obra, cuya lectura es muy recomendable y apropiada para cualquier persona, con independencia de que sea o no profesional de la psicología. Ofrece materia para reflexionar y para poder aplicar los contenidos a la vida diaria de cualquiera, unas sugerencias que vienen garantizadas por la experiencia de Jaime Llinares a lo largo de su vida profesional.

La segunda parte del libro es más difícil de reseñar, al tratarse de un seminario dedicado a la clínica holoanalítica y a su práctica, apoyado en la manera de trabajar del autor. Si bien es cierto que aquí y allá aparecen referencias a los contenidos de la primera parte: el derecho elemental, el deber elemental, los sentimientos, etc. Explica, con abundante ejemplos, las técnicas analíticas que utiliza en su despacho diario.

Sí se pueden destacar algunos aspectos más concretos, útiles con carácter general. Así, partiendo de la psicología transpersonal (Jaime Llinares fue cargo directivo de Asociación Transpersonal Española), tenemos todos una enorme resistencia a abandonar dos fundamentos: Primer fundamento, Dios, la unidad, ese océano infinito y eterno; segundo fundamento, el colchón de aterrizaje que es el útero materno; esa resistencia nos lleva al conflicto.

Cuando en el primero de estos fundamentos habla de Dios, nos advierte de que “el concepto de Dios es innominable. Dios no se puede nombrar, no tenemos palabras; es esa situación que se intuye, de la cual provenimos a esta experiencia que llamamos humana”. Así nacen diferentes tipos de miedo que devienen en el conflicto psíquico.

Son muchos los temas que aborda el autor: la ansiedad abandónica, el amor libre, la exageración, el sentimiento de culpa, el saber estereofónico, la justa distancia, etc.

Una selecta bibliografía y el correspondiente índice cierran esta tan especial obra de muy recomendable lectura.

Índice

Presentación
Obertura

PARTE PRIMERA
Capítulo 1. La vida es sencilla
Dos sabias recetas
El derecho elemental
No es enfermedad, es error existencial
Somos un manojo de necesidades
La neurosis, error y alienación existenciales
Necesidad, dolor y grito
La psicosis, otro error existencial
¿Qué es el EGOÍSMO?
El deber elemental
La igualdad del SER, la desigualdad del tener
Los modos de complicarse la vida
Concluyendo

Capítulo 2. El enigma de la depresión
La vida es como un camino
Las reglas del juego
La depresión es una caída
Cambiar de forma de ser
Clases de depresiones
Depresión reactiva
Aclaración sobre síndrome y síntoma
Volvamos a la depresión por vacío
Las odiosas comparaciones
A vueltas con el complejo de inferioridad

Capítulo 3. La llegada a este mundo
Útero bueno, útero malo
El trauma del parto
Lo que sigue al parto
¿Y si el embarazo es no deseado?
El misterio de los sentimientos
El amor no es un sentimiento
Entonces, ¿qué es el AMOR?
El amor y la conciencia

PARTE SEGUNDA. Eitha: Seminario intensivo
Primera sesión
¿Quién es quién?
¿Por qué cliente?
Transferencia y contratransferencia
Técnica holoterapéutica
Técnica deshinibitoria. CARICIAS EN RELOJ

Segunda sesión
Acerca del lugar del encuentro
Porte y vestimenta del terapeuta
¿Cuánto tiempo dura un análisis o una psicoterapia?
La recogida de datos
La hipótesis diagnóstica
Control psicocorporal
(T.N.) El conflicto intrapsíquico
(T.N.) La ansiedad abandónica
(T.N.) El amor libre

Tercera sesión
Acerca de la exageración
(T.N.) Sentimientos sin culpa
(T.D.) Saber esterofónico
(T.N.) La justa distancia
(T.D.) Caricias al aura
(T.D.) Caricias con gato
(T.C.) La barca

Cuarta sesión
Deontología del psicoterapeuta
(T.N.) El ser no se compara. El tener, sí
(T.N.) La vida es sencilla: derechos y deberes elementales
(T.D.) El bolero de Ravel
(T.D.) Comunicación Tao
(T.N.) Agresividad y sexualidad: fuerzas hacia la libertad
(T.N.) Arquetipos: víctima, huérfana y madre

Final
Debate
Bibliografía
Índice

Notas sobre el autor:

Jaime Llinares Llabrés (Las Palmas de Gran Canaria, 1942-2012). Formado en Humanidades y lenguas clásicas, Lengua y Literatura italianas y Filosofía pura, ejerció la docencia en Italia. En 1966 se instala en Roma, obteniendo el título de Doctor en Teología en 1974. Durante ese período se forma como Psicoanalista con Federico Arbesú y en Análisis junguiano con Enrico Rasio. Comienza a ejercer como psicoterapeuta, combinando dicha actividad con la docencia. En 1974 realiza el primer seminario en Gran Canaria (Psicodinámica de grupo).

En 1976 se instala en La Isleta (Las Palmas de Gran Canaria), donde funda el COPI (Centro de Orientación Polivalente Isleta) con la colaboración de un equipo multidisciplinar. Combina una intensa labor como Psicólogo Clínico con grupos de formación de estudiantes y profesionales de la psicología, introduciendo la visión de la psicología dinámica y humanista.
Crea el método REPSI (Revisión espiritual, psicológica y somática intensiva) y en 1996 comienza una experiencia espiritual en plena naturaleza, bajo el título SAT (Silencio, Ayuno y Trabajo).
Presidente y Cofundador de ATRE (Asociación Transpersonal Española), colabora como organizador y ponente en congresos nacionales e internacionales, como EUROTAS –The European Transpersonal Associatión– de la que fue Vicepresidente.
En 2008 funda EITHA (Escuela Independiente de Terapia Holoanálitica), formando en holoanálisis a numerosos profesionales.

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Tomado de Tendencias 21.net
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Circulo Literario Aqoya forma parte de la Revista RafTulum

Mirella Rimoldi: CONTINUITÁ Poesie  

 

 

 

 

 

 

 

Mirella Rimoldi

CONTINUITÁ

Poesie

Mirella Rimoldi

CONTINUIDAD

Poesía

 

Palabras introductorias del editor de Raf-Tulum:

 

“Continuitá” (“Continuidad” en español), es el título del libro de poesía de la compañera italiana Mirella Rimoldi, editado y publicado en italiano y español en 1989 (Editorial MONGOLFIERA- PAROLEINLIBERTÁ), meses después de su muerte en el trágico accidente de aviación ocurrido ese mismo año en el aeropuerto “José Martí”, de la Habana, Cuba, en el cual murieron más de un centenar de personas de varias nacionalidades y también residentes cubanos de las casas aledañas al aeropuerto (esta tragedia y su posterior asistencia de rescate fue supervisada personalmente por Fidel Castro en compañía de su gran amigo Gabriel García Márquez).

A Mirella la conocí a mediados de los años ochenta en la Nicaragua revolucionaria, siendo ella la madre de uno de mis amigos más cercanos en aquella época, por lo que nos unían  fuertes lazos fraternales y políticos.

Fue una revolucionaria de toda la vida.  En su país desde joven había sido militante del Partido Comunista Italiano.  Era una incansable luchadora en la solidaridad con la revolución nicaragüense, y en particular, con las mujeres campesinas y feministas de Matagalpa, con quienes estrechó especiales vínculos, uniendo así en solidaridad activa a Italia y Nicaragua, viajando constantemente entre esos dos países.  Era además una admiradora de los pueblos mayas de Guatemala, país sobre el cual tenía gran admiración y como tal lo visitó en varias ocasiones.

Su muerte súbita dejó un notorio vacío en muchos de quienes la conocimos personalmente.  Sirvan las presentes notas y extractos como un homenaje a su noble espíritu revolucionario, solidario, feminista y humanista.

Sergio Barrios Escalante

Mirella de visita en el Altiplano guatemalteco durante los años 80s

 

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Mirella Rimoldi

CONTINUIDAD

Poesía

 

Prefacio de Vidaluz Meneses

“Haber conocido a Mirella Rimoldi , vital, generosa, encantadora y reconocerla ahora a través de su poesía, es lograr ese diálogo íntimo con la amiga que se nos fue prematuramente.  Leyendo sus poemas es cuando mejor comprendemos la sensibilidad de esta compañera al llegar a Nicaragua con un equipaje de sueños, de ternura acumulada, de paisajes de mar, de sensual comunión con la naturaleza, con los olores, con las sensaciones a flor de piel, y sobre todo, con esa inmensa solidaridad que la hizo recorrer infatigablemente nuestras cooperativas guiadas por la histórica y legendaria BENIGNA  MENDIOLA  o sumirse en largas horas de trabajo de traducción y cotejo en la poesía del último libro de DAYSI  ZAMORA, tarea conjunta, fraterna, identificando temas comunes de inspiración, sobre todo en la liberación femenina, porque Mirella también había recorrido su propio camino hacia la libertad:

“¿Es más simple ahora

Dejarme chinear por las olas

gozar la espuma áspera del deseo?

¡Qué quieren de mí ahora, todos!

Dicen: eres mujer y se apropian de ti”.

A partir de esa toma de conciencia, Mirella se autoafirma:

“Sola sin héroes

con mis incertidumbres

soy mujer finalmente,

ahora puedo amar, crecer

no tengo padre,

no tengo madre,

no tengo hermana,

no tengo marido

tengo continuidad”.

Los convencionalismos, la rutina, la pedantería burocrática no logran atraparla en la madeja sutil de la sociedad organizada:

“Revolver mi cotidianidad

en el inusitado

asombro, divertirme

inventar en la madurez

juegos locos, desvergonzados

disolverme en las carcajadas

como cuando el cómico baja el telón”.

Expresó la rebeldía y su confianza y admiración en las nuevas generaciones, sin dejar de asumir el terrible costo de los avances:

“PODER, no podrás obligar a las madres a doblegarlas

hacen lo que no hemos sabido hacer nosotras.

temblamos sí, temblamos por sus senos lívidos,

por sus vaginas desfondadas,

por sus cabellos arrancados,

por sus cuerpos que ustedes pisotean

pero no las reclamaremos en sus casas.

Su casa es la plaza en donde gritan

toda la rabia

acumulada a la de las abuelas, de las madres.

Gritan por sus hijas”.

Esta Mirella apasionada, libre, es la que llega a Nicaragua y se deja invadir por la ternura al encuentro de esas mujeres que se están fajando con la historia: la sonriente Victoria de setenta años triunfantes; Maris, la partera de guerra, la Matilde, vestido floreado, Carmen, Alma y Lía, la silenciosa, a quienes capta con el Chak de su cámara:

“En un grupo, gran angular, todas:

es como abrazarlas.

titubeantes, se paran, me miran

esperan”.

A las que mima, llamándolas nicaraguitas:

“Recolección de mujeres

a las que robo sueños, fantasía,

generosidad, vida”.

Mirella amó y por supuesto tuvo siempre el anhelo del amor en plenitud y así lo manifiesta:

“Descubrir de nuevo la ternura de la amistad

la armonía del amor

hablar de mi, de tí hasta cuando

el cansancio se desvanezca en el sueño

e inconscientes dulcemente confundirnos”.

Llena de entusiasmo, de proyectos, de sueños que comenzaban a hacerse realidad, el tiempo se le volvía breve. Quizá fruto de la clara intuición poética escribió, Qué diría a mis hijos:

“Te suplico,

ama tu por mí

vive tu por mí

ríe

juega

dibuja

baila

ama, ama, ama

dibuja mariposas

ríe

juega

ríe y baila

ama

hazlo por mí

yo no tengo más tiempo”.

Efectivamente, poco fue el tiempo y sin embargo tradujo con Edda Ciogna la experiencia de las parteras recogida en el libro Nacer en Nicaragua”; con Elda Biasetti reunió el testimonio de mujeres heróicas como Norita Astorga, Beningna Mendiola y de las heroínas anónimas de la vida cotidiana; se interesó en nuestra poesía y conversó ampliamente con Michelle Najlis, con Daysi Zamora.

Llegó a animar la participación nicaragüense en la Fiesta de la Unidad del Partido Comunista Italiano, dentro de la cual se llevaría a cabo un intercambio de experiencias femeninas Italia-Nicaragua; a ese encuentro íbamos Beningna, María del Socorro Gutiérrez y yo.

La cita la teníamos esta vez en su bello país.  No pudo ser, solo llegaron las cenizas de pájaro calcinado de esta mujer cuyos cantos humildemente guardados y dados a luz por el gesto amoroso de sus hijos, nos han hecho encontrarla a plenitud. Que estas líneas se unan al tributo filial que posibilita la edición bilingüe para los pueblos que hermanó; Italia y Nicaragua, es nuestro homenaje a MIRELLA, hermana en el corazón de todos.

VIDALUZ MENESES

Diciembre, 1989

Managua, Nicaragua.

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Un poema adicional extraído del libro Continuitá:

“Mujeres del campo

de la calle

de la cocina

de este país de sonrisas;

un río lento

entre tierra compacta baja,

les moja los pies cansados

y sube hasta los muslos

derritiendo el jabón sobre la ropa.

Mujeres, rían

porque ahora el gorrión

canta para ustedes;

pero el ruido está en la garganta

cuando cuentan

de esta tierra

habitada por cadáveres.

Mujeres, que esconden

con las sonrisas detrás de las pupilas

el recuerdo de ayer,

la rabia por la muerte.

En las olas del pasado asesino

ha desaparecido su gente

sin palabras

con las manos y el caminar

suave  nostálgico

de su cuerpo

cuenten dulcemente

la historia de miles.

Mujeres en las plazas polvorientas

vendiendo bananos,

en las paradas de bus

vendiendo fresco,

cuéntennos su historia

de piedras, de flores, de viento

de muerte, de niños,

de pobreza, de revolución”.

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Círculo Literario Aqoya forma parte de la Revista Virtual Raf-Tulm


 

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“EL POPOL VUH, o Libro del Consejo Maya Quiché”; Ensayo de Fredy Valiente Contreras

 

 

 

 

 

 

 

 

Presentación del Editor de RafTulum

 

Es un placer y un honor el presentarles ahora, “EL POPOL VUH, o Libro del Consejo Maya Quiché”, erudito ensayo elaborado por Fredy Leonel Valiente Contreras, poeta, catedrático y escritor guatemalteco/nicaragûense, quien actualmente reside y trabaja en Nicaragua para la Universidad de las Regiones Autónomas de la Costa Caribe Nicaragûense, URACCAN.

Como en la mayor parte de la obra literaria del profesor Valiente Contreras, en este ensayo se refleja no solo una ardua, paciente y rigurosa labor de orfebrería fina, que trasluce conocimiento profundo y erudición con relación a la ancestral y milenaria cultura Maya.

Por ello mismo, su obra apenas si necesita presentación alguna; desde el incio el lector encontrará en esta  la lucidez y transparencia de quien ha buceado con soltura y solvencia en tan profundas aguas de la sorprendente y milenaria civilización de los pueblos hechos de Tiempo y de Maíz.

El Editor de RT.

 

A continuación pueden “pinchar” en el siguiente enlace para leer el ensayo completo.

 

 El Popol Vuh ensayo de Fredy Leonel Valiente Contreras

 

 

 

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El blog “Círculo Literario Aqoya” forma parte de la sección cultural de la Revista RafTulum.

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